Salud mental y tecnología digital

 Inspirada por la lectura de "Lo Imprevisible" de Marta García Aller, la estudiante de periodismo Alejandra Ruzek Masson propuso entrevistarme acerca del modo en que la impaciencia se ha ido apoderando de quienes consumen contenido virtual.

Le agradezco que me haya considerado para ayudarle en esta tarea y, de paso, poder expresar lo que tentativamente he concluido sobre tan serio asunto. También agradezco que de modo tan gentil me permitiera publicar aquí la entrevista. Deseando que con su publicación ustedes, mis pacientes, puedan contar con elementos de juicio, que quizás aún no hayan contemplado, sobre lo que la tecnología digital está determinando para ustedes mismos como para sus hijos o nietos.

 

1. La Impaciencia y la Neurobiología

• Considerando la gratificación inmediata que ofrecen las plataformas digitales (notificaciones, scroll infinito), ¿cómo cree que este bucle de recompensa instantánea afecta a los circuitos de dopamina en el cerebro, y qué implicaciones tiene esto a largo plazo en la capacidad de experimentar satisfacción con actividades que requieren más tiempo o esfuerzo?

 

Mi parecer -entendiendo que los estudios aún no son del todo concluyentes- es que para individuos con una predisposición temperamental a la búsqueda de novedad y de recompensas inmediatas, en la medida que los contenidos a que tengan acceso les resulten gratificantes, es mucho más probable que se potencie una sensibilización neuronal en los circuitos de anticipación de recompensa mediados por dopamina, aunque no exclusivamente por este neurotransmisor. Y es probable que tal potenciación se asocie a un aumento de impaciencia en las situaciones en que la gratificación sea obstaculizada o retrasada.

Toda actividad que representa satisfacción lleva a su reproducción, por lo que, mientras más intensa sea la recompensa, será más probable que se consuma tiempo y energía en ella. Corriéndose el riesgo, con ello, de que responsabilidades y otros intereses resulten desplazados, como ocurre con todo lo que se convierte en hábito compulsivo.

No todo individuo que dependa demasiado de recompensas inmediatas, sin embargo -y hay que recordar que no todo el mundo se mueve por igual motivación- incurrirá en comportamientos adictivos ante estímulos que les resulten altamente atractivos, sino que ellos podrán ser evitados en función de la disonancia cognitiva que se active en cada cual.

Si bien, entonces, es probable el abandono de tareas que requieran tiempo y esfuerzo, no necesariamente será así en quienes disfruten intensamente la práctica de tareas arduas y prolongadas, puesto que en el hacer también se puede obtener gratificación (sensación de dominio). Una persona con elevada necesidad de recompensas inmediatas puede sentir una satisfacción difícil de compartir por otros cuando corre 100 o más kilómetros durante muchas horas seguidas; como ocurre con un pintor hiperrealista demorándose meses en terminar un solo cuadro, sin hacer grandes pausas en su titánica tarea; o, también, con un navegante que cursa los mares arrostrando las veleidades de los elementos, etc.

 

2. Impaciencia y Regulación Emocional

• El capítulo sugiere que hemos perdido el aburrimiento. Desde una perspectiva psiquiátrica, ¿qué función cumple el aburrimiento en el desarrollo de la tolerancia a la frustración y la regulación emocional?

¿La evitación constante del "tiempo muerto" a través de la tecnología puede estar debilitando nuestra capacidad para gestionar emociones incómodas o la espera?

 

Definitivamente la intolerancia al aburrimiento es un rasgo temperamental, y es expresión de la incapacidad de tolerar un tiempo en que no haya estímulos que puedan conducir a la exploración de caminos que lleven a una eventual recompensa. Lo que no es sinónimo, sin embargo, de que, para todo individuo urgido por la necesidad de gratificaciones inmediatas, el ocio se convierta ineludiblemente en un tiempo muerto difícil de aguantar. Quienes, por ejemplo, cuentan con una capacidad de experimentar ricamente sus fantasías podrán disfrutar intensamente un tiempo de esa calidad. También, para otros, el detenerse, hacer una prolongada pausa les hace sentir un enorme regocijo en la contemplación. Y, por último, están los que no sienten más que placer en no hacer nada ni tener que pensar en nada.

 

3. La Impaciencia como Patología vs. Rasgo Social

• ¿En qué momento la impaciencia generada por el ritmo de vida moderno y la tecnología pasa de ser un rasgo cultural o de personalidad a un síntoma que podría indicar o exacerbar trastornos de salud mental, como el Trastorno de Ansiedad Generalizada o el TDAH?

¿Existen criterios clínicos para diferenciar la "impaciencia digital" de una manifestación patológica?

 

No vislumbro otro impacto, en cuanto a psicopatología, aparte del riesgo de conflictos relacionales, que tales estímulos tecnológicos, en sujetos susceptibles, puedan propiciar la instalación de desórdenes adictivos, tal y como puede ocurrir con el alcohol, el juego, el sexo, las compras y una infinidad de sustancias.

El criterio clínico que siempre nos hará sospechar de la presencia de una afección es un cambio en la frecuencia y la intensidad con que determinada actitud o determinado comportamiento se presenta, y que de una manera u otra se traduce en un impacto notable en la forma en que el afectado se desempeña en sus funciones escolares o laborales y en el ámbito de sus relaciones familiares y sociales.

Con respecto a la ansiedad generalizada, es muy frecuente que, en padres afectados por este cuadro, los síntomas se acentúen en función del valor de peligrosidad que atribuyen al acercamiento del niño o del adolescente al mundo virtual: que puedan ser contactados y seducidos por pervertidos, que sus hijos se desentiendan de sus responsabilidades escolares, que no adquieran las herramientas, que en el mundo real se desarrollan, que les permitan desenvolverse exitosamente en la vida de adultos, etc., son temores habituales que aumentan la incertidumbre, la vigilancia y el temor a fallar como padres.

Por último, con respecto al trastorno de déficit atencional, un estudio reciente que se basó en la observación de más de 8 mil niños norteamericanos de entre 10 y 14 años, quienes en promedio consumieron 5.5 horas en TV, videos, juegos online y redes sociales, se obtuvo sólo una asociación entre el uso de RR SS y el aumento de síntomas de inatención. Ni TV, ni videos ni juegos online se asocian a un empeoramiento en ningún aspecto de la sintomatología de niños con TDA/HA. No se puede concluir de estos datos que pudiese aparecer una secuela neurocognitiva a largo plazo en niños con este desorden del neurodesarrollo y con tal magnitud de los hábitos descritos.

 

4. Impacto en las Relaciones Interpersonales

• La impaciencia no solo afecta al individuo, sino también a la interacción. ¿Cómo influye la expectativa de respuestas instantáneas (típica de las aplicaciones de mensajería) en la calidad de las relaciones interpersonales?

¿Podría esta impaciencia contribuir a un aumento en los conflictos o a una disminución de la empatía al reducir el espacio para la reflexión o la consideración del otro?

 

Por supuesto, si uno quiere hacerse cariño con el otro o tiene la expectativa de tener una conversación que se ha pospuesto, mientras el otro insiste en completar un atracón de sitcoms o de mantenerse pegado a Instagram o viendo reels en TikTok o atento a lo que una autoridad o un político tenga que ofrecer en X, es probable que, haciéndose recurrente, pueda resultar en un distanciamiento afectivo. Pero, lo más probable, es que con el tiempo se vayan desarrollando nuevas formas de interacción y nuevos códigos entre los miembros de una relación.

Lo nuevo, sociológicamente hablando, y por cierto culturalmente desafiante, es que por lo acelerado de los cambios y el cada vez menor peso de la tradición, que en los tiempos que corren no llega siquiera a instalarse, son los hijos, paradójicamente, quienes terminan dando a los padres las herramientas de adaptación a los retos del presente. ¿A qué referencias de su propia crianza pudo recurrir un padre de treinta y tantos, sino a las que descubrió en su niñez, por sus propios medios, un mundo que, prácticamente, no guardaba ninguna relación con el de quienes crecieron viendo a Enrique Maluenda o a Don Francisco en la TV?

No podemos ni imaginar lo incompetente que se sentirán dentro de poco los padres de los infantes actuales, puesto que es probable que no puedan hacerse de herramientas suficientes y eficaces para ofrecer lineamientos a estos niños, impedidos como lo estarán por el acelerado cambio cultural que la tecnología está representando.

 

5. Impaciencia y Procesos Cognitivos El texto menciona que pasamos de la lectura profunda a las lecturas cortas y la actividad constante. ¿Qué impacto tiene esta impaciencia por la inmediatez en las funciones cognitivas superiores como la atención sostenida, el pensamiento crítico y la memoria de trabajo?

¿Cree que la psiquiatría debería considerar la "fatiga atencional" digital como un factor relevante en la evaluación de sus pacientes?

 

Si sólo se consume material de breve duración y sin contenido relacionado, sólo por lo curioso de las escenas o la comicidad de las expresiones, es conjeturable que tales funciones se desarrollen menos e incluso jibaricen en individuos que no utilizan su inteligencia de otra manera. No tiene que ocurrir así, no obstante, cuando la breve duración de lo que se ingiera esté asociado a un contenido que, aun cuando administrado en cápsulas, se conecte y amplíe.

Tanto como la impaciencia de la que ya hemos hablado, la fatiga atencional puede ser expresión de un sobreconsumo, quizás adictivo, de contenido digital, sin embargo, la fatiga atencional también se presenta cuando se ha estudiado e investigado un asunto por un tiempo que supera las capacidades naturales del individuo. Lo que puede pasar a quien está urgido por plazos y recursos o a quien se encuentra muy motivado por el dominio que está logrando y por la aspiración de obtener resultados únicos.

 

6. Estrategias de Intervención Psiquiátrica

• Si un paciente llega a consulta presentando altos niveles de ansiedad vinculados a la incapacidad de esperar o la necesidad constante de estimulación digital, ¿cuáles serían las estrategias terapéuticas (no necesariamente farmacológicas) que un psiquiatra podría recomendar para reentrenar la mente hacia una mayor paciencia y presencia en el mundo real?

 

Pienso, más bien, que la impaciencia caracterológica de algunos individuos puede encontrar en la estimulación digital una forma de atenuación. La impaciencia puede manifestarse en todo lo cotidiano que no produzca recompensas comparables a las de ese mundo digital, pero en aquellos que han comenzado a incurrir en un patrón de orden adictivo. No hay que olvidar, por otro lado, que no toda estimulación digital se ofrece en los términos de brevedad y celeridad, mediante la que otros buscan un tipo distinto de contenido y una forma distinta de relacionarse con él.

Aparte de la búsqueda temperamental de recompensas inmediatas, la insistencia en el consumo digital breve y acelerado, podría ser consecuencia de una estrategia que apunte a contrarrestar el abatimiento, los sentimientos de inutilidad y de falta de sentido vital y la incapacidad de disfrutar de quien está deprimido, o de una forma que tienda a apagar la mente de aquel que, por su ansiedad patológica, rumie incesantemente, sin espacio al respiro. Aquí, el clínico debe evaluar la presencia de los elementos psicopatológicos que permitan identificar el cuadro de base, que, tratándose, podría llevar a la eliminación del comportamiento compulsivo.

Si este comportamiento es primario, entonces el abordaje terapéutico debiera centrarse en la implementación de modelos de tratamiento cuya evidencia científica, obviamente, sea la suficiente; como es el caso de la terapia cognitiva conductual en su versión específica para adicciones.

 

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