Limerencia no es amor
Hace varios años traté a un paciente por un cuadro depresivo cuyo motivo principal de consulta consistía en que se había enamorado de una persona a quien apenas conocía y que ni siquiera había intentado conquistar. La incertidumbre que le provocaba el no saber si podría ser correspondido y la fantasía de efectivamente serlo no sólo consumían energía psíquica, sino que le impedían rendir adecuadamente en el trabajo, aparte de llevarlo a que se alejara de amistades con quienes se frecuentaba. Supuse entonces que el deterioro de su autoestima y la falta de sentido vital que evidenciaba le habían hecho aferrar a esa figura idealizada como la única esperanza de volver a ser feliz. Asumí que la creencia que podía subyacer a dicho “enamoramiento” era la que proponía David Burns en su popular libro Sentirse bien , a propósito de lo que el autor llama, no sin razón, adicción al amor: “No puedo ser pleno y feliz sin alguien no me ama. El amor es necesario para ser feliz”. No había escu...